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Jhonathan Gil

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viernes, 25 de marzo de 2011

Las 5 Cosas que mas te molestan del metro de Caracas




Hagamos un ejercicio simple. En los próximos cinco segundos, intenta colocar tu mente en blanco. No pienses, no recuerdes. No te distraigas… En blanco... ¿Listo? De acuerdo. Ahora vas a decir rápido, sin dudar, sin buscar mucho, las cinco primeras palabras que se te ocurran sobre el Metro de Caracas. ¡YA!...

¿Qué tal? Yo hice la misma prueba y el resultado fue “Gentío”, “Calor”, “Gentío” otra vez y dos groserías. Para comprobar que no eran cosas mías, les pedí a varios amigos que hicieran lo mismo. “Retrasos”, “Empujones”, “Colas”, “Mal aliento”, “Arrecostones”… En este sentido, corrieron todas sus respuestas. No hubo “Transporte”, “Rapidez” o “Eficiencia”. No. Todo el ejercicio se convirtió en una queja. Pero fue una queja que, si bien apuntó varias veces en contra de la calidad del servicio de la compañía, se afincó en criticar el comportamiento de algunos usuarios. Usuarios como tú y como yo, pero que todos los días se las ingenian para convertir nuestros viajes subterráneos en una mentada de madre infinita.

Es por esto que, con ayuda de varios amigos y “tuiteros” (metrousuarios todos), escogí las cinco cosas que más te revientan, te joden, te hacen ARRECHAR cuando usas el metro.

1. El dueño del tubo: Hay que sostenerse de algún lado si no quieres ir a parar al piso o encima del señor que sí está sentado. Pensando en eso, crearon estos tubos que bordean los asientos. Van del piso al techo, lo suficiente como para que puedan agarrarse varios usuarios. SEMEJANTE ARRECHERA cuando entras al vagón y hay alguien recostado por completo del tubo. Ellos no entienden. Creen que ese tubo es casual y que, en el mejor de los casos, sirven para reconfortar su flojera. Aunque te ven sufriendo y agarrándote del techo, son incapaces de moverse.

2. El del bolsito: Nunca faltan. Entran al vagón con semejante maletín colgado en sus espaldas, y no piensan en el pana que tienen detrás o en la persona que pudiera entrar si tan sólo bajaran el bolso. Y como si ignoraran por completo el estorbo, comienzan a moverse más que un trompo y golpean a todos.

3. El pendejo que se hace el pendejo y te cree un pendejo: Estás en la fila, llevas rato esperando por el tren y viene un gracioso que se para a tu lado. Se hace como que no sabe nada. Como que no ve que la fila termina cuatro personas más atrás. Y tú sólo piensas: “¡No me voy a dejar joder! Este pendejo no me va a colear. Si quiere que colee al de atrás, pero ni piense que entrará primero que yo”… Al final, el HDP (léase Hijo de Puta) entra primero que tú.

4. “Liceista no es gente”: Probablemente hayamos olvidado cómo éramos a esa edad, pero no hay nada que te altere más los nervios que un grupito de liceístas; mucho más si estás en el Metro. Hay calor, todos están apretados, quieres llegar a tu casa y ellos no hacen más que joder. Se empujan, gritan, cantan, se ríen, se vuelven a empujar (y te empujan a ti sin querer). Todo un reto para tu paciencia

5. ¡Cómprate unos audífonos!: Es vallenato, reggaetón y salsa brava. No importa la hora, el gentío o el calor. Ellos tienen que sacar su celular y hacer que todos escuchemos su canción favorita o la letra que le dedicó a la “jeva” la noche anterior. Es como si fuera una necesidad. La pregunta del millón de dólares: ¿ellos sabrán que le joden la vida a toda la gente del vagón? ¿Sabrán que mientras suena “El osito dormilón” sólo piensas en cómo arrancarle el teléfono y lanzarlo contra el piso? ¿Lo sabrán?

Sé que la lista es larga. Los invito a continuarla. Ahora, siguiendo con el tema “metro-angustia” pero en un tono más serio, acá les dejo una crónica que escribí hace casi un año. Fue publicada en el diario El Nacional el 30 de mayo de 2010. Le adjunté un video que muestra el punto máximo del caos. Este es el inicio y el punto final de la jornada diaria del caraqueño "de a Metro".